martes, 11 de febrero de 2014

Sólo hemos venido a por los malos

El acoso escolar es algo común en cualquier instituto. En todos los centros hay matones y víctimas. Parece tratarse de un rito más del paso de la adolescencia a la edad adulta. Nadie le da verdadera importancia: son sólo bromas, cosas de niños… Los educadores prefieren no meterse en los asuntos de los alumnos, que ellos resuelvan sus propios problemas. Los compañeros de clase tienen dos opciones: reírse con los matones y caerles en gracia o ignorarlos completamente para no convertirse en objetivos. Y es que al fin y al cabo ¿por qué iba nadie a tener que hacer nada? ¿Qué importan un par de burlas aquí y allá? ¿Qué más da alguna broma pesada de vez en cuando? Las vejaciones y los insultos no le hacen daño a nadie, al contrario: reafirman el carácter. ¿Agresiones físicas? Pues que se defienda… ¡Abrase visto!
The Dirties es una película que habla del acoso y de las consecuencias que puede tener en alguien que no sabe cómo defenderse. Cuenta la historia de Matt Johnson y Owen Williams, dos adolescentes que están rodando una película para clase en la que sus alter egos se dedican a acabar al más puro estilo Tarantino con los matones que les hacen la vida imposible en el instituto. Cuanto más trabajan en ella, más en serio empieza a tomárselo uno de ellos. Comienza a bromear sobre cómo deberían pegarles un tiro a todos los gilipollas que los acosan por los pasillos. Explica cómo sólo acabarían con los matones y cómo para dejar claras sus intenciones llevarían camisetas en las que pudiese leerse: “Sólo hemos venido a por los malos”. Bromea sobre cómo planearlo y sobre dónde conseguir las armas…
 Hollywood ha hecho muchas películas sobre tiroteos en institutos, especialmente desde Columbine, pero insiste una y otra vez en retratar a los perpetradores como desequilibrados o como monstruos desalmados. Todo el mundo evade la responsabilidad. Culpan al cine y a los videojuegos sin darse cuenta de que son los propios actos violentos que se llevan a cabo en los pasillos de sus institutos todos los días los verdaderos causantes de estas reacciones violentas.
Matt Johnson —director, escritor, editor, actor y productor— evita hacer cualquier juicio de valor sobre las decisiones del protagonista y nos lo muestra en todo momento como una persona real: un muchacho extravagante que quiere ser director, que tiene un amplio conocimiento de cine y al que le gusta bromear. No es malo pero sí está hecho un lío y no sabe cómo reaccionar ante las reiteradas humillaciones a las que lo someten sus acosadores. Pide ayuda constantemente pero nadie lo toma en serio. Dado que bromea constantemente nadie le cree cuando deja de hacerlo, da igual lo que diga o cómo lo intente.
La película está rodada de manera deliberadamente amateur, alternando entre escenas de Matt y Owen trabajando en su película y metraje del proyecto. El temblor de la cámara y las imágenes en ocasiones borrosas ayudan a pintar un retrato sorprendentemente realista de un instituto normal y cualquiera de las escenas de los dos amigos trabajando en su película podría haberse sacado de un vídeo de YouTube, por lo que resultan doblemente cercanas a identificables. Es por este realismo que las constantes humillaciones a las que ambos son sometidos nos parecen más chocantes y duras.
En un punto del metraje, Matt recuerda la primera vez que se rieron de él “solo por ser él mismo”, haciendo hincapié en uno de los aspectos más devastadores del acoso escolar: la manera en que deshumaniza a sus víctimas. El fin del acoso es tanto la muestra de poder como la subordinación de la víctima, pero su efecto más dañino es tal vez la pérdida de la autoestima. Cuando se sufren vejaciones sin motivo se alimenta la sensación de vergüenza y aparece la creencia infundada de que se es culpable por lo que le está pasando a uno. Durante toda la película podemos ver cómo esto afecta a Matt, que se aleja cada vez más de la realidad y usa el proyecto y su alter ego como medio para lidiar con el acoso. Cuando finalmente nos encontramos ante la terrible conclusión, esta es mucho más chocante por lo cercanos que nos hemos sentido a estos chicos y por cómo hemos sido testigos de los progresivos efectos negativos que las acciones de sus compañeros de clase han tenido sobre ellos.
Tanto Matt como Owen están magníficos, especialmente el primero. Prueba de su impecable interpretación es que a pesar de que el final puede entreverse más o menos desde el primer momento, sigue poniendo la piel de gallina cuando finalmente ocurre.
Cuando se suceden asesinatos en institutos, lo que más le cuesta aceptar a la gente es que el perpetrador vivía entre ellos y que parecía “normal”. A mucha gente le gusta pensar en los criminales como gente puramente malvada, a la que es fácil identificar en una multitud. Sin embargo, la realidad—remarcada por las perturbadoras últimas palabras de la película— es que en su mayoría son gente normal. Son gente a la que las circunstancias le ha hecho tomar decisiones equivocadas. La cruda realidad de esta declaración es precisamente la razón por la que The Dirties es una película poderosa.

0 comentarios: