sábado, 15 de febrero de 2014

{Craterellus} Última tarde de verano


El muchacho salió desnudo del riachuelo y se tumbó sobre el centeno a secarse con los últimos rayos de sol, que aquel día de finales de verano brillaban del color anaranjado de sus cabellos. Su ropa estaba esparcida a su alrededor, allí donde había caído cuando se la había quitado para meterse en el agua helada. Cerró los ojos y dejó que la brisa le acariciase la piel húmeda y fría. Inspiró profundamente distinguiendo el lejano olor del humo de una chimenea, el olor de su infancia y el que guardaba un lugar más especial en su corazón. En la distancia, por encima del fantasmal sonido que hacía el centeno agitado por el viento, podía oír las risas de los niños jugando en la linde del bosque.
El muchacho paladeó con todos sus sentidos aquella tarde de finales de aquel verano del diecisiete. Cuando estuvo seco se vistió con calma, atesorando cada segundo como si fuese el último. Terminó atándose las botas y colocándose la boina, sin molestarse en abrocharse la camisa. Contempló por última vez los campos de cebada que se extinguían en el horizonte: los tejados de las casas en la distancia y el bosque al otro lado del riachuelo; dónde había aprendido a nadar, dónde había dado su primer beso. Después se encaminó al pueblo, los pensamientos perdidos en el día siguiente, cuando partiría a una guerra de la que no habría de volver.


Podéis encontrar más relatos bajo la etiqueta Craterellus o en la sección de Escribir.

0 comentarios: