miércoles, 5 de febrero de 2014

Las brujas de Ryan Murphy


Hay pocas series que siga con el entusiasmo con el que sigo American Horror Story. Todos los años disfruto con pasión la campaña promocional que precede a cada temporada. Me emociono cuando se anuncia el próximo tema de la serie y leo toda la información que puedo antes de que se estrene. Es una de las pocas series que sigo semana a semana y es que, al fin y al cabo, soy fanático del terror. La primera temporada me dejó a cuadros con cada episodio y Asylum, aunque tardó en arrancar y tiene sus obvios defectos, se encuentra entre mis series favoritas. Es por eso que no podía esperar a que se estrenase esta tercera entrega de la serie. Pero a pesar de tenerlo todo a favor, Coven no me ha cautivado como esperaba que lo hiciera.
Ryan Murphy, show-runner y creador de American Horror Story, parecía tener todo lo que necesitaba para hacer de Coven un magnifico producto televisivo, un tema con mucho jugo, un escenario sugerente, un director de cinematografía osado y un reparto de cinco estrellas. Sin embargo, parece ser que olvidó un factor esencial: nada de esto es capaz de sacar a flote un guion chapucero y lamentablemente Coven tiene los guiones más chapuceros de la serie. A Murphy y a sus guionistas siempre les ha gustado meter tantas tramas como pudiesen en los primeros episodios de cada temporada y esperar a ver cuáles germinaban y cuáles no. De modo que a medida que avanza la serie van abandonando ciertas tramas en favor de otras, lo que hace que el producto final sea más irregular de lo que debiera teniendo en cuenta que son temporadas autoconclusivas de 12 o 13 episodios.
No obstante, el problema de las tramas sin propósito o abandonadas llega a su máximo exponente en Coven, donde superan tanto en número como en disparate las de ambas temporadas anteriores juntas. Y es que Murphy parece haber olvidado uno de los puntos básicos de cualquier narración: toda trama tiene que aportar algo a la narrativa general de la historia y ayudar a los personajes principales a avanzar, ya sea dentro de su propia psique o en la historia. Pero gran parte de las tramas de Coven no llevan a ninguna parte, no tienen conclusión ni propósito y lamentablemente a menudo tampoco tienen sentido. Un ejemplo de esto podemos encontrarlo en la trama del minotauro: el minotauro de Lalaurie es su carta de presentación y el motivo por el que la bruja vudú Marie Laveau la condena a vivir eternamente enterrada en un ataúd. Sin embargo, hacia la mitad de la temporada Fiona se deshace de él —fuera de pantalla para más inri— y no parece tener ningún tipo de efecto ni consecuencia; es más, no se lo vuelve a mencionar. No se molestan en explicar cómo es posible que viviese durante cientos de años si no es de la misma manera en que Laveau consiguió que Lalaurie viviera por siempre por lo que no debería haberle afectado en absoluto que le cercenaran la cabeza…


Y es que Murphy ha decidido jugar sin reglas y ese es el problema principal de Coven. Cualquier autor defenderá que para hacer creíble una fantasía hay que hacer que esta funcione bajo ciertas reglas. Si todo es posible en todo momento no puedes sufrir con los personajes, ni identificarte con ellos, no puedes vivir la historia de la misma manera. Murphy ha hecho de la temporada de las brujas un pastiche de clichés en el que las escenas se suceden sin orden ni concierto, pero en el que no importa porque al fin y al cabo nada tiene consecuencias. ¿La entierran viva? No pasa nada, la semana que viene la desenterramos. ¿La queman? No importa, ya volverá dentro de un par de episodios, vivita y coleando y sin una sola cicatriz. ¿Le tiran ácido a la cara o la empalan o la cortan en pedazos? Da igual, la magia de la televisión lo arregla todo. ¿Para qué perder precioso tiempo explicando cómo se ha realizado tal o cual proeza si podemos aprovecharlo en giros que no sorprenden a nadie? "Magia, zorras".
Sin embargo, en esta vorágine de ideas poco imaginativas que aparecen en la trama de manera gratuita la que para mí ha sido un bofetón en la cara del espectador ha sido la aparición estelar de Stevie Nicks. Puede gustarme más o menos como cante o actúe esta mujer pero lo cierto es que ha sido lo más arbitrario que ha aparecido en la serie hasta el momento. Cada escena de la cantante me ha parecido más el sueño húmedo de Ryan Murphy que una verdadera herramienta para la trama. El colmo ha sido la escena introductoria del episodio final. Esa especie de videoclip de Stevie Nicks paseándose por los pasillos de la casa cantando mientras las alumnas del Robichaux se preparan para llevar a cabo ‘Las Siete Maravillas’… Soy una de las personas que aplaudió como el que más el momento musical de Asylum, porque me pareció que ayudaba a dar un respiro al espectador y porque lo introdujeron de manera inteligente. Pero esa extravagancia de Stevie Nicks dando vueltas por la escuela me pareció innecesaria, arbitraria y lo más alejado al espíritu de la serie que han hecho hasta la fecha.
Soy un gran fan de las dos primeras temporadas y es por eso que me molesta todo ese potencial desperdiciado. Como he dicho antes, American Horror Story: Coven lo tenía todo para ser la mejor de las tres temporadas existentes de la serie. Empezando por su reparto casi exclusivamente femenino repleto de actrices en mayúscula. Las habituales: Jessica Lange, Frances Conroy, Sarah Paulson y Lily Rabe, y las nuevas: Kathy Bates, Angela Bassett y Patti LuPone. Todas y cada una de ellas se comen la pantalla y hacen suya cada escena en la que aparecen a su propia manera. Si han conseguido subir el nivel de los torpes guiones de esta temporada no quiero saber qué habrían hecho con un guion medianamente decente.
La presencia de Alfonso Gómez-Rejón, a la cabeza de la dirección creativa de la serie también hizo que se dispararan mis expectativas pues los dos episodios que dirigió para Asylum fueron pura gozada. Gómez-Rejón convierte cada plano en una obra de arte. Y vuelve a demostrarlo en Coven de la que asumió el rol de director creativo para toda la temporada. Los planos que lo caracterizan pueden verse en todos y cada uno los episodios, convirtiéndolos en un producto visualmente impecable. También la intro es en mi opinión la mejor hasta la fecha; sugerente y oscura.


Coven contaba además con un escenario inmejorable: Nueva Orleans. Con su fantasmal decadencia, sus edificios coloniales y su ambiente exótico. La ciudad del vudú y del jazz. Una ciudad histórica y evocadora de la que no hemos visto tanto como desearíamos.
Finalmente, el tema. Ryan Murphy eligió la brujería para la tercera temporada y podría haber hecho tantas cosas interesantes si tan solo hubiese podido prescindir un poco de su gusto por los excesos… Sin embargo, ha preferido mostrarnos una especie de Hogwarts a la americana, con una pizca de sexo y sangre, pero escuela de magia al fin y al cabo. Podría habernos mostrado un acercamiento más cercano a la realidad con sus sacrificios, sus rituales paganos, sus invocaciones, pero ha preferido recurrir a elementos trillados y reciclados en cantidad de ocasiones. Por si fuera poco sus brujas pueden hacerlo todo, no hay reglas ni límites a su magia.
Murphy tomó la sabia decisión de introducir a un personaje con tanto juego como es Delphine Lalaurie, una psicópata real con decenas de terribles crímenes en su conciencia pero por alguna razón decidió omitir algunos de los peores. Ha sido glorioso ver a Kathy Bates “Annie Wilkes” interpretando a Lalaurie pero queda un sabor agridulce en la boca al pensar en cuanto más podrían haber sacado de ella. Lo mismo sucede con el personaje de su antagonista, Marie Laveau, una poderosa bruja que es inmortal porque ¡Oh, sorpresa! ha hecho un pacto con el diablo. Angela Bassett está perfecta en su papel de reina del vudú pero tal vez habría sido más memorable si los guionistas se hubiesen esforzado en darle más profundidad a su personaje.
American Horror Story: Coven es un producto técnicamente impecable, con un reparto de envidia pero que falla por traicionar a su misma esencia. Es una serie que ha olvidado la palabra ‘horror’ del título y ha pasado a ser una comedia de excesos, plagada de frases entre lo kitsch y lo paródico que se pierden en la cantidad de agujeros que hay en la trama. Un collage de clichés, no ya del género de terror si no del de fantasía para adolescentes.
Para mí, siempre será la temporada que podría haberlo tenido todo y desperdició su potencial. 

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