Las brujas de Ryan Murphy
Hay pocas series que siga con el entusiasmo con el que sigo American Horror Story. Todos los años disfruto
con pasión la campaña promocional que precede a cada temporada. Me emociono
cuando se anuncia el próximo tema de la serie y leo toda la información que
puedo antes de que se estrene. Es una de las pocas series que sigo semana a
semana y es que, al fin y al cabo, soy fanático del terror. La primera
temporada me dejó a cuadros con cada episodio y Asylum, aunque tardó en arrancar y tiene sus obvios defectos, se
encuentra entre mis series favoritas. Es por eso que no podía esperar a que se
estrenase esta tercera entrega de la serie. Pero a pesar de tenerlo todo a
favor, Coven no me ha cautivado como
esperaba que lo hiciera.
Ryan Murphy, show-runner y creador de American Horror Story, parecía tener todo lo que necesitaba para
hacer de Coven un magnifico producto
televisivo, un tema con mucho jugo, un escenario sugerente, un director de
cinematografía osado y un reparto de cinco estrellas. Sin embargo, parece ser que
olvidó un factor esencial: nada de esto es capaz de sacar a flote un guion
chapucero y lamentablemente Coven
tiene los guiones más chapuceros de la serie. A Murphy y a sus guionistas
siempre les ha gustado meter tantas tramas como pudiesen en los primeros
episodios de cada temporada y esperar a ver cuáles germinaban y cuáles no. De
modo que a medida que avanza la serie van abandonando ciertas tramas en favor
de otras, lo que hace que el producto final sea más irregular de lo que debiera
teniendo en cuenta que son temporadas autoconclusivas de 12 o 13 episodios.
No obstante, el problema de las tramas sin propósito o
abandonadas llega a su máximo exponente en Coven,
donde superan tanto en número como en disparate las de ambas temporadas
anteriores juntas. Y es que Murphy parece haber olvidado uno de los puntos
básicos de cualquier narración: toda trama tiene que aportar algo a la
narrativa general de la historia y ayudar a los personajes principales a
avanzar, ya sea dentro de su propia psique o en la historia. Pero gran parte de
las tramas de Coven no llevan a
ninguna parte, no tienen conclusión ni propósito y lamentablemente a menudo
tampoco tienen sentido. Un ejemplo de esto podemos encontrarlo en la trama del
minotauro: el minotauro de Lalaurie es su carta de presentación y el motivo por
el que la bruja vudú Marie Laveau la condena a vivir eternamente enterrada en
un ataúd. Sin embargo, hacia la mitad de la temporada Fiona se deshace de él
—fuera de pantalla para más inri— y no parece tener ningún tipo de efecto ni
consecuencia; es más, no se lo vuelve a mencionar. No se
molestan en explicar cómo es posible que viviese durante cientos de años si no
es de la misma manera en que Laveau consiguió que Lalaurie viviera por siempre
por lo que no debería haberle afectado en absoluto que le cercenaran la cabeza…
Y es
que Murphy ha decidido jugar sin reglas y ese es el problema principal de Coven. Cualquier autor defenderá que para
hacer creíble una fantasía hay que hacer que esta funcione bajo ciertas reglas.
Si todo es posible en todo momento no puedes sufrir con los personajes, ni
identificarte con ellos, no puedes vivir la historia de la misma manera. Murphy
ha hecho de la temporada de las brujas un pastiche de clichés en el que las
escenas se suceden sin orden ni concierto, pero en el que no importa porque al
fin y al cabo nada tiene consecuencias. ¿La entierran viva? No pasa nada, la
semana que viene la desenterramos. ¿La queman? No importa, ya volverá dentro de
un par de episodios, vivita y coleando y sin una sola cicatriz. ¿Le tiran ácido
a la cara o la empalan o la cortan en pedazos? Da igual, la magia de la
televisión lo arregla todo. ¿Para
qué perder precioso tiempo explicando cómo se ha realizado tal o cual proeza si
podemos aprovecharlo en giros que no sorprenden a nadie? "Magia, zorras".
Sin embargo, en esta vorágine de ideas poco imaginativas que
aparecen en la trama de manera gratuita la que para mí ha sido un bofetón en la
cara del espectador ha sido la aparición estelar de Stevie Nicks. Puede gustarme
más o menos como cante o actúe esta mujer pero lo cierto es que ha sido lo más
arbitrario que ha aparecido en la serie hasta el momento. Cada escena de la
cantante me ha parecido más el sueño húmedo de Ryan Murphy que una verdadera
herramienta para la trama. El colmo ha sido la escena introductoria del
episodio final. Esa especie de videoclip de Stevie Nicks paseándose por los
pasillos de la casa cantando mientras las alumnas del Robichaux se preparan
para llevar a cabo ‘Las Siete Maravillas’… Soy una de las personas que aplaudió
como el que más el momento musical de Asylum,
porque me pareció que ayudaba a dar un respiro al espectador y porque lo
introdujeron de manera inteligente. Pero esa extravagancia de Stevie Nicks
dando vueltas por la escuela me pareció innecesaria, arbitraria y lo más
alejado al espíritu de la serie que han hecho hasta la fecha.
Soy un gran fan de las dos primeras temporadas y es por eso
que me molesta todo ese potencial desperdiciado. Como he dicho antes, American Horror Story: Coven lo tenía
todo para ser la mejor de las tres temporadas existentes de la serie. Empezando
por su reparto casi exclusivamente femenino repleto de actrices en mayúscula.
Las habituales: Jessica Lange, Frances Conroy, Sarah Paulson y Lily Rabe, y las
nuevas: Kathy Bates, Angela Bassett y Patti LuPone. Todas y cada una de ellas
se comen la pantalla y hacen suya cada escena en la que aparecen a su propia
manera. Si han conseguido subir el nivel de los torpes guiones de esta
temporada no quiero saber qué habrían hecho con un guion medianamente decente.
La presencia de Alfonso Gómez-Rejón, a la cabeza de la
dirección creativa de la serie también hizo que se dispararan mis expectativas
pues los dos episodios que dirigió para Asylum
fueron pura gozada. Gómez-Rejón convierte cada plano en una obra de arte. Y
vuelve a demostrarlo en Coven de la
que asumió el rol de director creativo para toda la temporada. Los planos que
lo caracterizan pueden verse en todos y cada uno los episodios, convirtiéndolos
en un producto visualmente impecable. También la intro es en mi opinión la
mejor hasta la fecha; sugerente y oscura.
Coven contaba
además con un escenario inmejorable: Nueva Orleans. Con su fantasmal
decadencia, sus edificios coloniales y su ambiente exótico. La ciudad del vudú
y del jazz. Una ciudad histórica y evocadora de la que no hemos visto tanto
como desearíamos.
Finalmente, el tema. Ryan Murphy eligió la brujería para la
tercera temporada y podría haber hecho tantas cosas interesantes si tan solo
hubiese podido prescindir un poco de su gusto por los excesos… Sin embargo, ha
preferido mostrarnos una especie de Hogwarts a la americana, con una pizca de
sexo y sangre, pero escuela de magia al fin y al cabo. Podría habernos mostrado
un acercamiento más cercano a la realidad con sus sacrificios, sus rituales
paganos, sus invocaciones, pero ha preferido recurrir a elementos trillados y
reciclados en cantidad de ocasiones. Por si fuera poco sus brujas pueden
hacerlo todo, no hay reglas ni límites a su magia.
Murphy tomó la sabia decisión de introducir a un personaje
con tanto juego como es Delphine Lalaurie, una psicópata real con decenas de
terribles crímenes en su conciencia pero por alguna razón decidió omitir algunos
de los peores. Ha sido glorioso ver a Kathy Bates “Annie Wilkes” interpretando a
Lalaurie pero queda un sabor agridulce en la boca al pensar en cuanto más
podrían haber sacado de ella. Lo mismo sucede con el personaje de su
antagonista, Marie Laveau, una poderosa bruja que es inmortal porque ¡Oh,
sorpresa! ha hecho un pacto con el diablo. Angela Bassett está perfecta en su
papel de reina del vudú pero tal vez habría sido más memorable si los
guionistas se hubiesen esforzado en darle más profundidad a su personaje.
American Horror Story:
Coven es un producto técnicamente impecable, con un reparto de envidia pero
que falla por traicionar a su misma esencia. Es una serie que ha olvidado la
palabra ‘horror’ del título y ha pasado a ser una comedia de excesos, plagada
de frases entre lo kitsch y lo paródico que se pierden en la cantidad de
agujeros que hay en la trama. Un collage de clichés, no ya del género de terror
si no del de fantasía para adolescentes.
Para mí, siempre será la temporada que podría haberlo tenido
todo y desperdició su potencial.

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