Habían conseguido salir del mundo
A fin de cuentas, daba
igual la edad que tuviesen, el que fueran tan jóvenes, lo único que importaba
era que las habíamos amado y que no nos habían oído cuando las llamábamos, que
seguían sin oírnos ahora, llamándolas para que salgan de aquellas habitaciones
donde se habían quedado solas para siempre, solas en su suicidio, más profundo
que la muerte, y en las que ya nunca encontraremos las piezas que podrían
servir para volver a unirlas.
Conocía la historia de Las Vírgenes Suicidas mucho antes de leer la novela de Jeffrey Eugenides. La película de Sofía Coppola siempre me ha parecido fascinante y ahora, habiendo leído el material original, estoy sorprendido ante lo fiel de la adaptación.
Esta es la historia de cinco hermanas, las chicas Lisbon: Cecilia, Lux, Mary, Bonnie y Therese. Eugenides comienza su novela con los sucesos que condujeron al suicidio de Cecilia y continúa narrando las vidas de las cuatro hermanas supervivientes desde el punto de vista de los chicos del barrio. Conforme avanza la historia el lector es testigo de cómo las cosas empiezan a deteriorarse, inquiriendo en lo más profundo de las relaciones de esta familia disfuncional. Uno casi desea poder realizar una intervención y salvar a los Lisbon de su auto-destrucción, liberar a las chicas de su madre sobreprotectora, abrazarlas y decirles que todo se va a solucionar, transmitirles que pertenecen a este mundo y poder enseñarles todo lo que jamás pudieron ver. Pero hay que conformarse con el frustrante entendimiento de que no se puede hacer nada sino continuar observando y presenciar su inevitable final.
Conocía la historia de Las Vírgenes Suicidas mucho antes de leer la novela de Jeffrey Eugenides. La película de Sofía Coppola siempre me ha parecido fascinante y ahora, habiendo leído el material original, estoy sorprendido ante lo fiel de la adaptación.
Esta es la historia de cinco hermanas, las chicas Lisbon: Cecilia, Lux, Mary, Bonnie y Therese. Eugenides comienza su novela con los sucesos que condujeron al suicidio de Cecilia y continúa narrando las vidas de las cuatro hermanas supervivientes desde el punto de vista de los chicos del barrio. Conforme avanza la historia el lector es testigo de cómo las cosas empiezan a deteriorarse, inquiriendo en lo más profundo de las relaciones de esta familia disfuncional. Uno casi desea poder realizar una intervención y salvar a los Lisbon de su auto-destrucción, liberar a las chicas de su madre sobreprotectora, abrazarlas y decirles que todo se va a solucionar, transmitirles que pertenecen a este mundo y poder enseñarles todo lo que jamás pudieron ver. Pero hay que conformarse con el frustrante entendimiento de que no se puede hacer nada sino continuar observando y presenciar su inevitable final.
El evocador estilo de Eugenides a caballo entre poesía y
narrativa nos brinda numerosas escenas llenas de melancólica evocación: el
baile del instituto, sexo en el tejado, llamadas telefónicas en las que no se
habla una sola palabra, mensajes de una sola frase en el buzón, miradas
perdidas, gestos vacíos… Es casi como respirar un perfume hecho de todos los
olores de nuestra juventud: el aire caliente del verano, un perfume lejano, el
césped recién cortado. Eugenides ha conseguido con su narración lo que muchos
otros antes han fallado en conseguir: llegar al corazón de la nostalgia y
convertir la vida (y muerte) de las hermanas Lisbon en una historia universal.
Esta novela es la carta de suicidio que las hermanas Lisbon
jamás escribieron, es lo más cercano a un diario que el vecindario tuvo jamás.
Es la única explicación y aun así, no es ninguna, de la misma manera que en la
realidad un suicidio nunca tiene una verdadera explicación para los que quedan
atrás.
El título no hace referencia al estado virginal de las
hermanas, aunque esto no quede claro al principio. Pues a todos los efectos las
hermanas Lisbon (incluida la promiscua Lux) eran vírgenes. Vivieron y murieron
en un hogar abusivo, pasando sus días en habitaciones minúsculas en un mundo minúsculo
mirando al exterior a través de ventanas sucias. Sabían que el mundo era mucho
más grande y que nunca habrían de verlo. La palabra virgen hace referencia a su
inocencia y a sus vidas malgastadas, no a sus hímenes. A lo largo del libro, el
narrador hace referencias a vírgenes sacrificadas en altares, especialmente
cuando muere la Cecilia, la primera, es descrita como una virgen condenada a
ser sacrificada para el placer de un Dios desconocido.
Eugenides ha escrito un libro que es como un perfume:
embriagador, evocador e irresistible. Una prosa poética que sugiere más que
mostrar, es una historia de vidas cruzadas, personas que conviven en un mismo
espacio sin llegar a intercambiar más que miradas. Manos que se extienden en la
oscuridad sin llegar a alcanzarse. Todo el mundo observa la decadencia del
hogar de los Lisbon, de su moralidad y de su día a día pero nadie ayuda, nadie
rescata a las hermanas prisioneras en su propia casa. Los Lisbon a su vez en
lugar de buscar ayuda se encierran en su hogar como una tortuga que se retrae
en su caparazón y espera la muerte. El lector no es sino un mero observador,
más que nunca; un miembro de aquel grupo de chicos obsesionados con las
hermanas desde su juventud. Y lo único que podemos hacer es verlas a través de
las palabras, dejarnos fascinar por su extrañeza mágica y resignarnos ante su
inevitable sino.

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