Aura quiere que sepas que lo está pasando muy, pero que muy mal
No sé si también os pasará, pero
cada vez que leo que alguien de mi edad es un escritor publicado y reconocido,
ha dirigido películas ganadoras de premios de renombre internacionales o son
exitosos showrunners/guionistas/directores y además han cerrado un contrato de
publicación por su primer libro de tres millones y medio de dólares me deprimo
un poco. Me entran ganas de seguir el ejemplo que he aprendido del cine y de la
televisión y atiborrarme a helado y a azúcar en todas sus vertientes y llorar
en una esquina. Tengo veintitrés años y un montón de aspiraciones pero me
faltan las herramientas para llevarlas a cabo. Acabo de licenciarme en una
carrera que al parecer no sirve para mucho y no sé, no sé, no sé qué voy a
hacer con mi vida. No tengo ni puta idea de qué viene a continuación, estoy
perdido y es por eso que Tiny Furniture
(2010) me ha resultado tan cercana.
Lena Dunham escribió, dirigió y
protagonizó Tiny Furniture cuando
tenía veintitrés años (¡Zorra!) y fue este, su primer largometraje, lo que la
llevó a colaborar con el productor Judd Apatow, que fue quien le abrió las
puertas de la HBO y la convirtió en la exitosa creadora de Girls. Lena tiene ahora veintisiete y el año pasado, una editorial
pagó tres millones y medio de dólares por su primer libro (¡Sí, joder! ¡Tres
putos millones y medio de dólares americanos!). Pero su éxito empezó con Tiny Furniture, antes de eso había
dirigido un mediotraje en la universidad llamado Creative Nonfiction (2009), sobre una chica que estudia escritura
creativa e intenta seducir a un compañero que se ha quedado a dormir en su
habitación porque en la de él hay moho creciendo en la moqueta. Lo interesante
de este primer trabajo es lo amateur de la propuesta. Es una película que se
siente como algo que cualquiera podría hacer (¡Hay que tener esperanza! Si Lena
Dunham dirigió esto sólo tres años antes de petarlo con Girls todos tenemos una oportunidad). Para empezar está grabado con
una cámara de video casera, los ángulos nunca están centrados, hay muchos zooms
y la cámara no deja de moverse. Los actores son mediocres cómo mínimo, el
sonido también es bastante malo dado que no había más micrófono que el de la
cámara y la iluminación es cuanto menos deficiente. Incluso el guión, punto
fuerte de Dunham, deja que desear. Es más que nada un rito de transición, un
proceso de aprendizaje. Puede que Creative
Nonfiction no sea más que un ejercicio amateur de dirección pero queda
claro que después de eso Dunham pudo decir, “vale, ahora sí que sí” y se
embarcó a dirigir Tiny Furniture (con
la que se ha ganado mi corazón).
La película gira en torno a Aura,
que vuelve a casa después de graduarse. Allí debe aprender a convivir con su
madre, una artista famosa que se dedica a fotografiar muebles en miniatura, y
con su hermana, una arrogante adolescente de diecisiete años, ambas
protagonizadas por la madre y la hermana de Dunham en la vida real. La historia
empieza justo en el momento en que el mundo que Aura deja atrás comienza a
desintegrarse: adiós a su novio de la universidad y a su mejor amiga, adiós a
ser una estudiante y a dejarse mantener por su madre. Todavía no tiene nada por
delante, o todo, que es lo mismo porque es igual de incierto. Aura no sabe qué
hacer, está perdida, no sabe lo que quiere ni como obtenerlo, se pasa el día
envuelta en sus sábanas regodeándose en su propia mierda. Recorre una casa
demasiado blanca y vacía siempre en pijama y en lugar de tomar sus propias
decisiones parece dejarse llevar. Pronto se reencuentra con una extravagante
amiga de la infancia y consigue el trabajo que esta le facilita, acepta una
cita con el chico que otra le sugiere y con la misma indiferencia con la que va
tomando sus decisiones deja de contestar las llamadas de su mejor amiga de la
universidad con la que supuestamente va a irse a vivir a un piso en la ciudad
para comenzar su nueva vida.
Hay una especie de hastío que hace
sentir que todo ha terminado en lugar de estar empezando. Las cosas son
difíciles y no hay nada gracioso en estar perdido. En un momento de la película
Aura le dice a su madre: “Acabo de salir de la universidad. Todo esto es muy
duro para mí. Y soy una persona muy, muy joven que se está esforzando mucho”. Y
no deja de ser irónico, por momentos es fácil reírse de Aura, pero lo que
algunos pueden tachar de una pataleta de niña rica me parece una descripción
muy precisa de una generación de jóvenes que tras haber pasado años estudiando
ahora no saben qué hacer con su vida. Hay mucha gente como ella, no solo
mujeres, que quieren significar algo para los demás y no saben cómo.
La
película trata sobre no ser valorado por el mundo (en las relaciones de pareja,
por la familia, el ámbito profesional). Muchos veinteañeros cargan con el peso
de desear éxito y reconocimiento y se
ahogan cuando este no llega y se dan cuenta de que tal vez nunca lo haga. Es
una verdad terrible a la que hacer frente, pero especialmente cierta en la
economía actual en la que da igual lo preparado que estés porque nunca estarás
lo suficientemente cualificado para los trabajos a los que aspiras.

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