sábado, 8 de marzo de 2014

Aura quiere que sepas que lo está pasando muy, pero que muy mal


No sé si también os pasará, pero cada vez que leo que alguien de mi edad es un escritor publicado y reconocido, ha dirigido películas ganadoras de premios de renombre internacionales o son exitosos showrunners/guionistas/directores y además han cerrado un contrato de publicación por su primer libro de tres millones y medio de dólares me deprimo un poco. Me entran ganas de seguir el ejemplo que he aprendido del cine y de la televisión y atiborrarme a helado y a azúcar en todas sus vertientes y llorar en una esquina. Tengo veintitrés años y un montón de aspiraciones pero me faltan las herramientas para llevarlas a cabo. Acabo de licenciarme en una carrera que al parecer no sirve para mucho y no sé, no sé, no sé qué voy a hacer con mi vida. No tengo ni puta idea de qué viene a continuación, estoy perdido y es por eso que Tiny Furniture (2010) me ha resultado tan cercana.
Lena Dunham escribió, dirigió y protagonizó Tiny Furniture cuando tenía veintitrés años (¡Zorra!) y fue este, su primer largometraje, lo que la llevó a colaborar con el productor Judd Apatow, que fue quien le abrió las puertas de la HBO y la convirtió en la exitosa creadora de Girls. Lena tiene ahora veintisiete y el año pasado, una editorial pagó tres millones y medio de dólares por su primer libro (¡Sí, joder! ¡Tres putos millones y medio de dólares americanos!). Pero su éxito empezó con Tiny Furniture, antes de eso había dirigido un mediotraje en la universidad llamado Creative Nonfiction (2009), sobre una chica que estudia escritura creativa e intenta seducir a un compañero que se ha quedado a dormir en su habitación porque en la de él hay moho creciendo en la moqueta. Lo interesante de este primer trabajo es lo amateur de la propuesta. Es una película que se siente como algo que cualquiera podría hacer (¡Hay que tener esperanza! Si Lena Dunham dirigió esto sólo tres años antes de petarlo con Girls todos tenemos una oportunidad). Para empezar está grabado con una cámara de video casera, los ángulos nunca están centrados, hay muchos zooms y la cámara no deja de moverse. Los actores son mediocres cómo mínimo, el sonido también es bastante malo dado que no había más micrófono que el de la cámara y la iluminación es cuanto menos deficiente. Incluso el guión, punto fuerte de Dunham, deja que desear. Es más que nada un rito de transición, un proceso de aprendizaje. Puede que Creative Nonfiction no sea más que un ejercicio amateur de dirección pero queda claro que después de eso Dunham pudo decir, “vale, ahora sí que sí” y se embarcó a dirigir Tiny Furniture (con la que se ha ganado mi corazón).
La película gira en torno a Aura, que vuelve a casa después de graduarse. Allí debe aprender a convivir con su madre, una artista famosa que se dedica a fotografiar muebles en miniatura, y con su hermana, una arrogante adolescente de diecisiete años, ambas protagonizadas por la madre y la hermana de Dunham en la vida real. La historia empieza justo en el momento en que el mundo que Aura deja atrás comienza a desintegrarse: adiós a su novio de la universidad y a su mejor amiga, adiós a ser una estudiante y a dejarse mantener por su madre. Todavía no tiene nada por delante, o todo, que es lo mismo porque es igual de incierto. Aura no sabe qué hacer, está perdida, no sabe lo que quiere ni como obtenerlo, se pasa el día envuelta en sus sábanas regodeándose en su propia mierda. Recorre una casa demasiado blanca y vacía siempre en pijama y en lugar de tomar sus propias decisiones parece dejarse llevar. Pronto se reencuentra con una extravagante amiga de la infancia y consigue el trabajo que esta le facilita, acepta una cita con el chico que otra le sugiere y con la misma indiferencia con la que va tomando sus decisiones deja de contestar las llamadas de su mejor amiga de la universidad con la que supuestamente va a irse a vivir a un piso en la ciudad para comenzar su nueva vida.
Hay una especie de hastío que hace sentir que todo ha terminado en lugar de estar empezando. Las cosas son difíciles y no hay nada gracioso en estar perdido. En un momento de la película Aura le dice a su madre: “Acabo de salir de la universidad. Todo esto es muy duro para mí. Y soy una persona muy, muy joven que se está esforzando mucho”. Y no deja de ser irónico, por momentos es fácil reírse de Aura, pero lo que algunos pueden tachar de una pataleta de niña rica me parece una descripción muy precisa de una generación de jóvenes que tras haber pasado años estudiando ahora no saben qué hacer con su vida. Hay mucha gente como ella, no solo mujeres, que quieren significar algo para los demás y no saben cómo.
La película trata sobre no ser valorado por el mundo (en las relaciones de pareja, por la familia, el ámbito profesional). Muchos veinteañeros cargan con el peso de desear éxito y reconocimiento y se ahogan cuando este no llega y se dan cuenta de que tal vez nunca lo haga. Es una verdad terrible a la que hacer frente, pero especialmente cierta en la economía actual en la que da igual lo preparado que estés porque nunca estarás lo suficientemente cualificado para los trabajos a los que aspiras.

0 comentarios: