Stephen King me enseñó lo que es el miedo
Cuando somos
niños experimentamos el miedo de manera diferente a la que lo hacemos cuando ya
somos adultos. Los terrores acechando en la oscuridad son mucho más terribles y
el instinto que despierta en nosotros mucho más primigenio. Recuerdo
perfectamente la primera vez en que pude ver mis miedos infantiles de monstruos
debajo de la cama y susurros en la oscuridad personificados en una sola
criatura. No tendría yo más de tres o cuatro años y el terror se llamaba
Pennywise. Bastó con ver la escena inicial para comprender que aquello era un
monstruo como los que (yo imaginaba) había en la vida real. Y cómo no, lo que aquella
criatura acechaba eran niños. Niños como yo, jugando a las puertas de su casa.
No me costaba verme a mí mismo en el pequeño Georgie Denbrough, haciendo
navegar su frágil barco de papel… Claro que no entendía como Georgie era tan estúpido
de no darse cuenta de que los payasos no vivían en las alcantarillas, “¡Huye,
Georgie!” pensé, pero él no huía. Georgie hablaba con el payaso y confiaba en
él y yo sabía que lo inevitable iba a pasar. El pequeño George Denbrough
alargaba la mano para recuperar el barco de papel que le ofrecía la
despreciable criatura y ¡Oh, horror de horrores! Entonces, una vez que el
payaso ya había devorado al pobre inocente de Georgie es cuando mi madre
decidió que aquella película no era apta para niños y que estaría mejor en la
cama. Así que me fui a dormir, a regañadientes por supuesto, pero ya era
demasiado tarde, había visto la cara del monstruo y no podría olvidarla por
muchos terrores que viniesen después. Y de este modo es como Stephen King me
enseñó lo que es el miedo.
Desde que tengo
memoria (puede que desde mi primer encuentro con Pennywise) el nombre de
Stephen King ha sido parte de mi imaginario particular. Era un nombre que
reconocía, mi madre tenía decenas de novelas del señor King por toda la casa,
su nombre aparecía en muchas de las caratulas de las cintas de video de la
sección de terror del videoclub al que íbamos todos los viernes y no era raro
ver algún que otro tráiler en televisión anunciando la nueva película “de la
mente del maestro del terror, Stephen King”. Por aquel entonces era más bien un
concepto abstracto, como los Reyes Magos o el ratoncito Pérez. Yo sabía que
Michael Jackson era el rey del pop y que el rey del terror era Stephen King,
punto.
A los once años
intenté por primera vez leer algo suyo (gracias a Dios mis padres nunca han
intentado controlar lo que leía). Decidí empezar por El Resplandor y la verdad
es que conseguí leerme por lo menos dos cuartas partes del libro. Recuerdo la
angustia que me transmitía el Overlook, leer aquel libro era como entrar
físicamente en aquel podrido hotel. Pero no pude terminarlo, a menudo era
demasiado descriptivo, usaba muchas palabras que no conocía y me costaba
avanzar la trama, así que lo aparqué. La siguiente vez que probé con una de sus
historias, creo que tendría unos quince o dieciséis años, fue la vez que el
señor King me capturó para siempre. El libro era El misterio de Salem’s Lot.
A menudo se
habla de King como un autor de segunda categoría, incluso él mismo se ha
llegado a tildar de ser “el equivalente literario de un Big Mac con patatas
fritas”, sin embargo yo creo que esto dista mucho de la verdad. El señor King
escribe con una prosa elegante y detallada sin llegar a ser rebuscada, hace uso
de un vocabulario amplio y el cuidado al detalle que tiene a la hora de
describir es envidiable. Tampoco es exclusivamente un autor de terror, aunque
hayan tratado de vendérnoslo como tal. A King le preocupan temas muy diversos y
lo hace patente en sus historias. No hace mucho leí un artículo titulado Yo sé
quién no ganará el Nobel. El autor del artículo postula que King sería digno
merecedor del premio Nobel de literatura pero que jamás ganará debido al
prejuicio de la alta cultura contra la popular. No podría estar más de acuerdo.
He leído mucho
a King y aun así no he leído ni la mitad de sus obras. Tengo una lista en casa
en la que voy haciendo crucecitas rojas al lado de los títulos que voy leyendo
y creo que ya tendré unos veinte, título más título menos. 2013 fue el año de
King para mí, leí más libros suyos que de ningún otro autor, de los clásicos y
de los nuevos, algunos son verdaderas obras de arte y otros no tanto. Todavía
tengo pendientes algunas de sus novelas más famosas (Misery, Cujo, Christine)
pero sin embargo, si tengo mis favoritas y si tuviese que recomendar solo cinco
escogería estas:
1. IT (Eso)
“El terror, que no terminaría por
otros veintiocho años -si es que terminó alguna vez-, comenzó, hasta donde sé o
puedo contar, con un barco de papel que flotaba a lo largo de la alcantarilla
de una calle anegada de lluvia.”
Así comienza la
historia de Bill Denbrough y sus amigos, el Club de los Perdedores, contra la
monstruosa criatura que despierta cada 27 años en Derry, Maine.
IT suele estar
encasillada en el género de terror y es verdad, da miedo, da mucho miedo, pero
también es una novela que trata muchos otros temas y además con una sensibilidad
excepcional. Y es que IT es también una novela que habla de la amistad, de la adolescencia
y del pasaje hacia la madurez, de la eterna batalla entre el bien y el mal, de
los traumas de la infancia y del poder de la memoria. Y sí, también habla del
terror. Al fin y al cabo Eso es una criatura que se sirve del terror para
nutrirse y puede adoptar la forma de aquello que más miedo inspire a su víctima,
ya sea un niño muerto, un hombre lobo o un payaso…
La historia
transcurre en dos periodos diferentes: 1958 en el que vemos a Bill y sus amigos
de niños enfrentándose al payaso por primera vez y 1985 en el que de adultos
vuelven a Derry para acabar lo que empezaron 27 años atrás.
La novela tiene
sus defectos: hay pasajes demasiado largos (en especial los Interludios) y el
final es bastante flojo teniendo en cuenta el resto de la narración pero está
tan lleno de muertes despiadadas, sucesos
perturbadores, amor adolescente, monstruos y globos de colores que para mí
seguirá siendo la mejor de sus historias.
2. El Resplandor
“Este lugar inhumano crea monstruos
humanos.”
Olvidad a
Kubrick por un momento. Es verdad, la película está rodada de manera exquisita
y tiene escenas y frases que ya forman parte de la historia del cine, pero la
novela y la película son entidades completamente distintas.
La historia arranca cuando Jack Torrance,
alcohólico en rehabilitación, se muda junto a su familia al prestigioso Hotel
Overlook para hacerse cargo del puesto de vigilante durante la temporada de
invierno en la que el hotel permanece cerrado y completamente aislado del
mundo. Durante ese tiempo Jack pretende terminar de escribir su obra y arreglar
las cosas con su familia, pero el Overlook tiene otros planes. El hotel, que se
alimenta de los males cometidos entre sus muros, quiere al hijo de Jack y para
ello se sirve de la desequilibrada mente de éste.
El Resplandor
es completamente diferente a IT, es terror también, sí, pero en este caso es un
terror psicológico. Si en la anterior novela el terror se materializaba físicamente
aquí es algo que ves por el rabillo del ojo, algo que no está ahí realmente,
algo que está en el pasado. Aquí el
terror lo encontramos en el pobre estado de salud mental de Jack, en el
aislamiento, en ese terrible lugar que es el Hotel Overlook.
Lo releí el
verano pasado y me produjo las mismas sensaciones que la vez anterior. Una
sensación de angustia y de opresión. Leyendo El Resplandor sientes que tú
tampoco puedes escapar del Overlook.
3. El misterio de Salem’s Lot
“El pueblo sabía de oscuridades. (…)
El pueblo tiene sus secretos y los sabe guardar. (…) Al pueblo no le importa la
obra del diablo más de lo que le importa la obra de Dios, ni la del hombre.
Sabía de oscuridades. Y con la oscuridad le bastaba.”
Fue la segunda
novela publicada de King después de Carrie y la primera que leí entera (y he
releído un par de veces desde entonces).
Trata sobre un
escritor llamado Ben Mears que vuelve al pueblo donde creció para exorcizar los
fantasmas de su infancia. Jerusalem's Lot es un pueblo tranquilo donde nunca pasaba
nada, excepto la vieja tragedia en casa de los Marsten. Pero no el único
forastero que ha llegado al pueblo: un par de hombres misteriosos acaban de
mudarse a la encantada casa Marsten. Entonces, encuentran un perro muerto
colgado de la verja del cementerio, empiezan a desaparecer niños y una
espantosa presencia comienza a hacerse notable entre ellos.
Es de lejos la
mejor novela de vampiros que he leído. Con un ritmo pausado pero continuo. Un
estilo fluido y elegante. Personajes interesantes y bien caracterizados. King
vuelve a tratar temas mucho más profundos que el mero terror: habla de lo que
es la vida en un pueblo pequeño, donde todo es tranquilo y aburrido en
apariencia pero donde todo el mundo oculta todo tipo de mentiras, corrupción,
prejuicios, abusos infantiles y asesinatos. El misterio de Salem’s Lot es un retrato de los
secretos que tiene la gente normal, de cómo los pueblos son casi como
organismos vivos y de lo terrorífico que esto puede llegar a ser.
4. La Cúpula
“A dos mil pies de altura, donde Claudette Sanders disfrutaba de su clase
de vuelo, la pequeña localidad de Chester's Mill relucía bajo la luz de la
mañana como algo recién hecho y servido. (…)
-¡Joder, hace un día espléndido! -exclamó Claudie.
Chuck Thompson, su instructor, se rió.
Solo les quedaban cuarenta minutos de vida.”
Leí las más de
mil cien páginas de La Cúpula en menos de cinco días. La mejor de las últimas
novelas de King que he leído. Una montaña rusa de emociones y cliffhangers.
Capítulos cortos y dinámicos y como en el caso de El misterio de Salem’s Lot nos encontramos
una historia coral contada desde el punto de vista de numerosos personajes. Y
es que La Cúpula, al igual que la anterior novela, es la historia de un pueblo
pequeño y de cómo las rencillas y diferencias que ocurren entre sus habitantes
pueden convertirse en algo más cuando no hay autoridad que las regule.
La historia
comienza cuando de la nada cae sobre la ciudad una barrera invisible como una
burbuja inquebrantable. Al descender ha cortado todo lo que había en su camino.
Nadie sabe de dónde ha salido ni porqué. A medida que la comida, la
electricidad y el agua escasean, los niños comienzan a tener premoniciones
escalofriantes.
Si he de ser
sincero confesaré que la primera vez que oí la sinopsis de La Cúpula no pude
sino pensar (como muchos otros) en la película de Los Simpsons, cosa que hizo
que tardase en acercarme a este libro, pero no podía estar más equivocado. La
novela es puro suspense, con personajes muy bien dibujados e interesantes. King
hace un perfecto cóctel parte ciencia
ficción y parte experimento sociológico al estilo de La Ola. Una novela magnífica
y muy, muy disfrutable. También es una de las obras de King más accesibles que
he leído.
Por cierto os
aconsejo que os alejéis de la serie de televisión: han masacrado la historia
del libro de la peor de las maneras cambiando completamente personajes (desde
su personalidad hasta su esencia misma), eliminando a alguno y mezclando otros
distintos. Personajes que mueren en las primeras cincuenta páginas del libro y
con peso para la trama siguen vivas en la serie y las motivaciones de los personajes
a menudo no tienen sentido.
5. Duma Key
“Wireman decía que Dios siempre nos
castiga por lo que no podemos imaginar”
Duma Key es la
última novela de King que leí antes de embarcarme en la titánica Apocalipsis
(de la que ya he conseguido leer unas 1100 páginas). Los elementos de terror
son ocasionales, así como lo es el principal misterio de la novela. Y es que en
realidad Duma Key trata sobre la lucha de un hombre por recuperar su vida.
Edgar
Freemantle pierde el brazo en un terrible accidente que también le retuerce la
mente y la memoria para dejarlo lleno de rabia, y solo rabia. Su matrimonio;
que le dio dos hijas maravillosas, se ha roto y Edgar quisiera no haber
sobrevivido a las graves heridas que le ha producido el accidente. Para
rehabilitarse alquila una casa en Duma Key, en una zona de playa salvaje en la
costa de Florida.
La novela tiene
claros tintes autobiográficos dado que King sufrió un grave accidente en 1999 y
tuvo que someterse a dolorosas sesiones de rehabilitación. Llegó incluso a
volverse adicto a las pastillas para el dolor y pudo experimentar de primera
mano lo duro que es todo un proceso como ese tanto para la víctima cómo para
sus familiares.
A pesar de
tener un ritmo bastante pausado y sin grandes sobresaltos durante la mayor
parte de la novela, fue un soplo de aire fresco. En Duma Key King nos habla de
arte y de lo que es estar roto. Además sólo él podría conseguir que una casa de
playa pintada de rosa pueda dar verdadero miedo.
BONUS. La Torre Oscura
“El hombre de negro huía a través
del desierto y el pistolero iba en pos de él.”
Sin más
explicaciones comienza esta epopeya épica, la obra magna de King, su heptalogía
de La Torre Oscura. En ella acompañamos a Roland Deschain, el último de los
pistoleros de Gilead, en su travesía a través de Mundo Medio para llegar a la
Torre Oscura, centro de todos los universos conocidos, para salvar su mundo dado
que este “se ha movido”. En su viaje encontrará gente “de otros mundos” como
Jake, un niño de doce años, Eddie, un muchacho adicto a las drogas y Susannah,
una joven que sufre de doble personalidad. Pero hay otros que buscan la Torre
para destruirla, y con ella todos los universos conocidos.
La Torre Oscura
abarca un universo muy extenso con una mitología muy rica y vasta repartida en
siete tomos (más la historia complementaria que King publicó hace poco, El
viento a través de la cerradura).
Aunque al
principio pueda resultar algo confuso (confieso que el primer tomo no me
cautivó), la historia merece la pena. El segundo volumen es una obra de arte y
me metió de lleno en Mundo Medio. King describe todo con tanto amor al detalle
y con una prosa tan limpia que es un placer viajar con Roland y su Ka-Tet.
Tiene algunas de las frases más memorables del King más inspirado y por si fuera
poco tiene gran conexión con la mayoría del resto de sus obras. Pequeños guiños
que un fan siempre aprecia y otros datos que cambian por completo la visión que
tienes de otras de sus obras, entre ellas Apocalipsis y El misterio de Salem’s Lot. Y es que
Stephen es un genio de la autoreferencia, un placer para sus lectores habituales.
Todas sus obras están íntimamente relacionadas, creando un universo muy
particular y haciendo de cada novela una experiencia más rica y disfrutable.
Historias que hace tiempo parecían inconclusas se cierran finalmente después de
años o aprendemos nuevos datos sobre personajes que ya casi habíamos olvidado.
Aconsejo que si
el primer volumen os cuesta terminarlo, sigáis intentándolo como podáis y
empecéis el segundo. Merece la pena, sino “Iros pues, hay otros mundos aparte
de este”.

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