La melancolía de un SO
Hace mucho tiempo tuve una conversación sobre
el amor con una buena amiga. Era pleno diciembre y caminábamos por las calles
nevadas de un pequeño pueblo al sur de Alemania, hablando del amor… Recuerdo
que en un momento de la conversación dije que existían muchas formas de amor y
muchas más maneras de amar. Insistía en que cada individuo ama de manera
diferente. En que no todo el mundo valora las mismas cosas, ni necesita lo
mismo. Todo el mundo (de una manera o de otra) va en busca del amor pero no
todos deseamos ni recibimos el mismo. Aquel día no conseguí convencerla, tal
vez el camino hasta casa fuera demasiado corto, pero tiempo después me escribió
una carta diciendo que en otras
conversaciones, en otras compañías había aprendido a ver que tenía razón cuando
decía que cada corazón aprende a amar de distinta manera.
Ayer viendo Her
de Spike Jonze volví a encontrarme caminando sobre aquellos adoquines de piedra
congelados teniendo aquella misma conversación. Y es que Her es más que nada
una conversación entre la pantalla y el espectador. Un diálogo en el que la
película expone y el espectador es quien debe sacar las conclusiones a sus
propias preguntas.
La película viene
acompañada de una gozada de banda sonora compuesta por Arcade Fire, con una
colaboración de la siempre fantástica Karen O. En ella nos encontramos con un
Joaquin Phoenix en estado de gracia (muy merecida esa nominación a los Oscar) y
una Scarlett Johansson que sin aparecer un solo segundo en pantalla roba cada
escena en la que participa. Sus momentos de pura comedia, su visión de un
futuro cercano más que probable y un ejemplar guión hacen de Her una película
muy disfrutable.
Spike Jonze nos
presenta una relación improbable pero completamente creíble. En un futuro no muy lejano dibuja la historia
de amor entre un hombre y una máquina. Theodore es un solitario escritor que
decide comprar un nuevo Sistema Operativo cuyo principal atractivo es su
innovadora inteligencia artificial, capaz de aprender y evolucionar. De este modo
Theodore conoce a Samantha, la voz femenina de su nuevo SO. Samantha habla y
actúa como lo haría una mujer de verdad, suspira, titubea, ríe y ‘siente’. Pronto
Theodore no puede evitar enamorarse de ella y da algo de miedo comprobar lo
real que se siente y lo cercano que parece ese amor mutuo. Nos hace ver el
mundo de manera diferente y empezar a plantearnos preguntas: ¿Cómo de real es
Samantha? ¿Cómo de reales sus sentimientos? ¿Es sano tener una relación con una
inteligencia artificial?
Jonze se dedica
a mostrar pero no hace juicios de valor en ningún momento y es el espectador
quien debe sentarse a pensar en las connotaciones lógicas y éticas del asunto.
La película es una
oda a la melancolía, pues Samantha no tiene cuerpo. No tiene manos para
acariciar, ni labios para besar. Samantha puede realizar 8,316 procesos en el
mismo segundo pero no puede sentir el sol sobre su piel ni es capaz de llorar
lágrimas. Y ella lo sabe y le pesa no tener un cuerpo, no poder sentir todas
esas cosas. Rompe el corazón ver cómo busca maneras de vivir su amor a través
de otros. Es descorazonador sí, pero también lógico en cierta medida y hasta
comprensible. Y es que al fin y al cabo es una máquina, ¿es ético juzgar sus
decisiones?
También Theodore
se ahoga en la melancolía; está pasando por un divorcio y es el colmo de la
ironía que su trabajo consista en escribir cartas de amor para los demás cuando
en su vida personal no sabe cómo expresar el que siente. Es un hombre muy
solitario y algo patético. No es capaz de enfrentar su divorcio, a pesar de no
vivir con su esposa desde hace más de un año, y todavía está profundamente
enamorado de ella, aunque no fue capaz de expresar ese amor mientras estaban
juntos.
Her es un
recordatorio de que a veces las relaciones se rompen. Jonze nos habla del
enamoramiento, de los buenos momentos y de las risas pero también, y eso hace
que lo anterior sea mucho más doloroso, de las discusiones y de los problemas.
Her es una oda a la melancolía y después de verla yo tampoco sé bien qué sentir.


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