lunes, 13 de octubre de 2014

{Craterellus} Tarde de otoño en el jardín


Era la hora del té: un terrón de azúcar envenenado, una urraca muerta sobre el mantel bordado. El azucarillo no era para el pájaro; pobre urraca, las crías se le habían muerto de hambre en el nido. Alguien había envenenado el azucarillo con unas cuantas gotas de cianuro. Una, dos, tres. Todavía descansaba sobre la cuchara. La taza de té llena de bichos ahogados y hojas tras semanas a la intemperie. Hongos oscuros comenzaban a devorar la lana húmeda del mantel, deslizándose imperceptiblemente, saboreando las hebras.
La lluvia había convertido las hojas caídas en una pasta oscura que se apelmazaba bajo las botas de aquellos sentados a la mesa. Vestían fina ropa de verano sin importarles que el tiempo hubiese refrescado, pero claro, estaban muertos. La mirada nublada de la anciana estaba clavada en el azucarero, acusadora, pudiera ser que aquel terrón envenenado no hubiese sido el único.

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