{Craterellus} Tarde de otoño en el jardín
Era la hora del té: un terrón de azúcar envenenado, una
urraca muerta sobre el mantel bordado. El azucarillo no era para el pájaro; pobre
urraca, las crías se le habían muerto de hambre en el nido. Alguien había
envenenado el azucarillo con unas cuantas gotas de cianuro. Una, dos, tres.
Todavía descansaba sobre la cuchara. La taza de té llena de bichos ahogados y hojas
tras semanas a la intemperie. Hongos oscuros comenzaban a devorar la lana
húmeda del mantel, deslizándose imperceptiblemente, saboreando las hebras.
La lluvia había convertido las hojas caídas en una pasta
oscura que se apelmazaba bajo las botas de aquellos sentados a la mesa. Vestían
fina ropa de verano sin importarles que el tiempo hubiese refrescado, pero
claro, estaban muertos. La mirada nublada de la anciana estaba clavada en el
azucarero, acusadora, pudiera ser que aquel terrón envenenado no hubiese sido
el único.
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