lunes, 8 de septiembre de 2014

{Craterellus} Ya no quedan niños en Rusia


La semana pasada cayó una granizada en la bahía de Novosibirsk, Rusia. Hubo algunos heridos y solo algunos muertos. El cielo estaba gris pero el calor era de esos que se te pegan al cuerpo y te obligan a moverte en un estado de perpetua humedad y constante falta de aire. Los bloques de hielo, grandes como puños, comenzaron a caer sobre las 14:25 de la tarde y cesaron diez minutos después. Sorprendentemente, en el momento de la tragedia, la bahía se encontraba casi vacía y solo algunos grupos de jóvenes y unos cuantos ancianos intentaban ahuyentar el calor en las sucias aguas del Ob.
El primer corpúsculo de hielo le destrozó la nuca a un joven estudiante de arquitectura de 23 años llamado Yaroslav Petrovich. Su novia, que estaba con él en el momento del suceso, pudo ver como el objeto derribaba al muchacho y lo dejaba flotando boca abajo en las turbias aguas del río, mientras la sangre brotaba perezosamente de la herida. El cuerpo todavía no ha sido recuperado por las autoridades.
Una joven, Miranda Golovanova, habló más tarde con los primeros equipos de televisión que acudieron al lugar del suceso y su rostro redondo, plagado de pequeños cortes producidos por las esquirlas de hielo, se ha convertido en la imagen de la tragedia. La muchacha, todavía en estado de shock, miraba directamente al objetivo de la cámara, sin contestar ninguna de las preguntas que le hacían los periodistas. Luego, muy bajito, casi en un susurro, dijo lo que no tenía manera de saber, antes de que el país cediese al pánico colectivo: “Se nos han llevado a los niños”.

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