¡Somos como Kevin Bacon!
Aunque nací recién comenzados los noventa en el alma soy un verdadero hijo de los ochenta, por lo menos en cuanto a lo que recuerdos cinematográficos de la infancia se refiere. He crecido adorando películas clásicas de los ochenta: Dentro del laberinto, Los Goonies, La historia interminable, Los cazafantasmas, La princesa prometida y un larguísimo etcétera. La música, esos guiones que nunca terminaban de tomarse en serio a sí mismos, me sumergen en un estado de completa embriaguez y devoción. Estoy infectado de la nostalgia absoluta y por lo tanto, mi opinión sobre cualquier película que consiga recordarme la experiencia de revivir el primer visionado de todas aquellas joyas de mi infancia se verá irremediablemente afectada de absoluta falta de objetividad. Ha pasado antes y volverá a pasar en el futuro. Me pasó cuando fui dos veces al cine a ver Super8, cuando vi Las ventajas de ser un marginado hundido en una butaca gastada en un cine en Inglaterra, y hace dos días volvió a pasar cuando fui a ver Guardianes de la galaxia.
Hay varios elementos que hacen de Guardianes de la galaxia
una gran película pero creo que el más importante de todos, el pilar sin el que
todo lo demás se vendría abajo, es su fantástico guión. James Gunn no reinventa
el género. De hecho, así en frío, me resulta imposible pensar en un solo
elemento 100% original en toda la película y, sin embargo, esto no merma su
valor cinematográfico, ya que Gunn ha sido capaz de reutilizar los elementos
del género y emplearlos en su propio beneficio de una manera inusitada. De
igual manera que The Conjuring fue, en mi opinión, la mejor película de terror
del año pasado por la forma en que aprovechaba las convenciones del género,
Guardianes de la galaxia es a mi parecer la mejor película de ciencia ficción de
este. Y es que opino que en ocasiones la concepción de que siempre hay que ser
original entorpece el propósito de contar una buena historia. Más vale un buen
remix, cuidadosamente pensado que una idea “original” sin sentido, mal
ejecutada o directamente mala. Incluso voy a atreverme a dar un paso más allá y
a decir que Guardianes me parece muy superior al 99% de las películas de
ciencia ficción de los últimos cinco años, a pesar de emplear muchos de los
mismos elementos.
Porque lo que la diferencia de todas ellas y convierte un
guión bien pensado en uno brillante es el humor. Es una película que no solo
emplea los tópicos si no que los ridiculiza y de este modo los emplea en su
propio beneficio. Los personajes se dan cuenta de lo completamente ridículas que
son algunas de las cosas que hacen y son capaces de reaccionar ante ellas como
lo haría el espectador. Valoro mucho que una película sea capaz de no tomarse
totalmente en serio sin recurrir a la parodia barata y en esto Gunn se lleva un
diez. La película está llena de humor, lo que realmente ayuda a que el
espectador conozca a los personajes y establezca sus simpatías desde el primer
momento. Yo soy de esas personas que apenas sonríen cuando algo gracioso ocurre
en pantalla, pero viendo Guardianes me descubrí en más de una ocasión riendo
como un niño pequeño por ese humor adolescente, más cercano a Hora de Aventuras
que a Woody Allen, que en ocasiones sienta tan bien. Y hay que admitir, sin
reservas, que el principal motivo de que este tipo de humor y el tono general
de la película funcionen tan bien es Chris Pratt.
Chris Pratt, también conocido como Peter Quill/Star Lord, era casi un desconocido hasta que revolucionó las redes con la foto de su cambio físico para interpretar el papel protagonista de Guardianes y conforme ha ido avanzando la campaña de promoción de la película se ha convertido en la estrella masculina del momento. Y es que no se sabe dónde acaba Chris Pratt y dónde empieza el personaje pero no hay duda de que chupa cámara en cada una de las escenas en que aparece de una manera espectacular. Con un carisma sin igual no solo se ha ganado a los periodistas y al público, sino que ha personificado a un Han Solo para una nueva generación. Leí por ahí que Guardianes podría convertirse en la Guerra de las Galaxias de los nuevos tiempos, en el sentido de todo lo que aquella saga significó para los niños y jóvenes que crecieron con ella, y he de decir que no parece descabellado en lo más mínimo.
Por supuesto que la película también cuenta con aspectos
negativos, en especial en cuanto a la manera en que caracteriza a sus villanos.
Tanto Ronan el Acusador como Nebula son
personajes bastante planos cuyas motivaciones no llegan a explicarse y que en ningún
momento llegan a ser más que malos muy malos, con muy malas intenciones. La
relación entre Nebula y su “hermana” Gamora tampoco se explora en ningún
momento. En general hay pocos papeles femeninos en la película y los pocos que
hay son bastante unidimensionales. Sin embargo, todos estos aspectos negativos
se diluyen en un espectáculo de luces que cuenta con una cosa muy importante de
la que carecen la gran mayoría de las grandes superproducciones actuales:
corazón. El alma de la película comienza a entreverse desde una de las escenas
iniciales en la que Peter Quill/Star Lord desembarca en un planeta abandonado,
con la intención de recuperar un orbe, al ritmo de la canción de Redbone “Come
and get your love”. Una escena que no solo sirve para familiarizar al público
con el personaje sino también de magnifico homenaje a Indiana Jones. Y es que
otro elemento que hace de esta una gran película es su banda sonora, compuesta
en un 40% de joyas de la música de los setenta y ochenta y en un 60% de
gloriosa nostalgia que hace que te sangren los oídos del gusto.
Como colofón he de añadir que cualquier película en la que
aparezca Glenn Close, por pequeño que sea su papel, gana un punto extra por mi
parte. ¿Realmente existe gente en este universo que no sea capaz de apreciar la
perfección de esta mujer? (Como dato curioso quisiera añadir que cuando era más
joven e inocente solía confundirla con Meryl Streep).
En definitiva, me he sentido como cuando tenía ocho años, he
saltado en la butaca y me he enamorado un poco de Chris Pratt. No hay nada
mejor que pueda decir de un blockbuster veraniego. Supongo que ahora tendré que
hacerme alguna maratón de películas de Truffaut para salvar al hipster que
llevo dentro, o tal vez no. ¿Quién dijo que uno no puede disfrutar igualmente
de una película de Wes Anderson y de una extravagancia espacial con pistolas y
explosiones?

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